Lactancia y sexualidad

La pregunta clave es ¿es normal lo que a mí me pasa?

La respuesta es: Si te pasa es que es normal que te pase. 

Lo que podríamos tratar de averiguar es porque es normal que te pase. ¿Porqué a ti te pasa “blanco” y es normal. Y a la otra o al otro le pasa “negro” y es exactamente igual de normal.

Esta Jornada ha sido el motivo para que nos reuniéramos varias parejas con uno, dos, tres o cuatro hijos y en espera de un quinto para poner en común las vivencias de dos, cuatro, seis u ocho años de lactancia materna, que han coincidido también “camas compartidas” por madres, padres e hij@s.

¿En qué han coincidido?

“Nos lo hubiesen podido explicar antes del primer parto”. “Es una sorpresa cómo te cambia la vida definitivamente”.

“Todo, alrededor, es un clamor por VOLVER A LA NORMALIDAD”.  Acabamos aclarando que por  “normalidad” se en tendía a ritmo y costumbres anteriores al embarazo. En los aspectos personales, físico, laboral, social, y también sexual. Por algo la autoridad especializada “ginecólog@” advierte “ya todo ha vuelto a la “normalidad”, lo cual implica esta señora se encuentra lista para cumplir con sus deberes conyugales”.

¿A quién se le ocurre hacer esta pregunta o esperar una respuesta de boca de un/a especialista que no sabe nada de tu vida, ni de tus vivencias, ni le han importado nunca?

La conversación se animaba, y de vez en cuando nos parábamos para hacer alguna reflexión:

¿A qué estamos llamando sexualidad? ¿A qué se llaman “relaciones sexuales completas”?

Al coito, que por definición se refiere a la unión carnal entre el hombre y la mujer, sin más.

Nadie coincidió en que la relación sexual con penetración pudiera tener la categoría de “relación sexual completa”.

Las mujeres, pero también algunos de los hombres coincidían en haber notado cambios importantes durante el embarazo y por descontado con la lactancia, que en todos los casos había superado el año y en la mayoría los dos años.

Las mujeres explicaban que ya su sexualidad había experimentado ciclos de más o menos deseo habitualmente antes de su primer embarazo.

Hombres y mujeres durante el embarazo también. Especialmente las mujeres, aunque no todas, señalaban que durante el segundo y algunas incluso en el tercer trimestre del embarazo habían sentido un especial aumento del deseo sexual.

Y casi todas las mujeres coincidieron en una caída “en picado” del deseo sexual tras el nacimiento de l@s hij@s. Esta situación generó en muchas parejas verdaderos conflictos tras el primer parto, que sólo resolvieron en base a mucho diálogo, respeto y comunicación.

Esta situación de conflicto, generaba la misma pregunta:

¿Es normal, esta caída “en picado” del deseo sexual, tras el nacimiento?

Una caída del deseo sexual que además se da por entendido que debe atribuirse a la lactancia materna.

¿Es que las depresiones postparto que acompañan con muchísima más frecuencia a la lactancia artificial, van acompañadas de un aumento del deseo?

Tras un parto normal, es decir natural, gestionado por la mujer y/o la pareja, es muy difícil observar depresiones postparto, en cambio, en general, si se observa y constamos disminución del deseo.

En estas reuniones que mantuvimos previas a esta Jornada se repetía otra pregunta:

¿Hay variación hormonal que justifique esta caída del deseo?

Si encontrábamos la “hormona responsable” estábamos salvadas! Podíamos dejar de darle vueltas y sencillamente esperar que el equilibrio hormonal se restableciera y volviese a la “normalidad”.

Los conflictos generados dentro de la pareja:

            – los celos del papá respecto del bebé

            – las acusaciones de falta de interés de la mujer, o de egoísmo del hombre,

            – los sentimientos de culpa, fruto de las acusaciones, …

Tendrían más fácil justificación.

Hablamos de las hormonas que hoy conocemos y que últimamente están de moda a la hora de encontrar explicaciones a determinadas conductas, hicimos un repaso de las más viejas conocidas, la adrenalina, el cortisol, … las endorfinas, la oxitocina, “la hormona del amor”, la prolactina, … pero después de rato de conversar concluimos, que cada día conocemos más y mejor algunas hormonas y sus funciones, pero que no lo suficiente para que les demos toda la responsabilidad de lo que nos pasa.

No nos explicábamos el porqué del aumento del deseo durante el embarazo, cosa que parece que no ocurre en los demás mamíferos, el porqué la reaparición de la regla tras el parto no devolvía el deseo a la “normalidad”, pues no coincidía con la prontitud de las reglas a los 2-3 meses del parto, ni se demoraba tanto como la regla tras 15-20 meses tras el nacimiento.

ALGUNAS COINCIDENCIAS QUE SUPUSIERON NO RETORNAR A LA NORMALIDAD, SINO SUPERAR LA NORMALIDAD:

Las mujeres coincidieron en hacer una gran diferencia entre la sexualidad como respuesta a una DEMANDA, como surgida por generación espontánea del DAR.

Aquí entramos en la consideración de algunos rasgos de la sexualidad más atribuida a los hombres y de otros más atribuidos a las mujeres, lo cual no supone que les sean propios en exclusiva, ni mucho menos que tengas connotaciones más o menos positivas, ni negativas, sino simplemente diferenciales.

Por ejemplo:

Crecemos  en una sociedad donde todavía niños y niñas desarrollan un conocimiento de su cuerpo distinto, se estimula en ellos la masturbación y en ellas no. El pene es nombrado de mil maneras en todos los idiomas, la vulva tiene menos sinónimos para ser nombrada…

La masturbación en los hombres adquiere un hábito compulsivo de descarga, relajación y descanso, en la mayoría de los casos, tan fácil y sencillo como el fumar, beber, comer o masticar chiclé. Conseguir una eyaculación, un orgasmo para un hombre no requiere un aporte de energía, sino que es todo lo contrario una descarga. De aquí la facilidad conque un hombre en un estudio de esterilidad, por ejemplo, puede conseguir una muestra de su semen en cinco minutos en el lavabo de la consulta. Esto no es posible para casi ninguna mujer.

Por ello una habitual “relación sexual completa”, la “normal” de todas o de muchas noches no supone un aporte importante de energía. Por ello el cansancio físico principalmente no impide su deseo, que le lleva directamente a la descarga, relajación y descanso.

Las mujeres coincidían en que “una relación sexual completa” era muy distinta si surgía de la DEMANDA en función de unas necesidades, dadas por indiscutibles en los hombres. En este caso ellas decían: NO!. No puedo con más demandas, me demandan los hijos y me es suficiente!

O si esta “relación sexual completa” era fruto de RECIBIR mil atenciones afectuosas a su estado de ánimo, a su disponibilidad hacia el bebé, a su necesidad de un tiempo para su propia intimidad, …

La ternura, el cariño, las manos, el beso, la palabra, la sensibilidad, generan en la mujer la posibilidad de abandono, de donde surge por “generación espontánea” el abrazo, el deseo de penetración y el orgasmo.

En este caso, el orgasmo en la mujer puede darse sin aporte de energía, sin tener que prestar atención y concentración en un proceso de excitación, fácilmente interrumpido que lleve al orgasmo.

Señalábamos la diferencia entre ENCONTRARNOS con un orgasmo, o tener que ir a la BÚSQUEDA de un orgasmo.

Otra característica diferencial de la sexualidad es la culturalmente admitida como intercambio, en que las mujeres dan sexo a cambio afecto, o unos años atrás y hoy en algunos casos a cambio de manutención económica. Con lo cual acaban dando sexo y afecto a cambio de una pequeña retribución o sustento.

Esta vieja noción de intercambio aun se da muy sutilmente en parejas que se rigen por otros nuevos parámetros. Y coincidimos que en el puerperio, se hace más fácil poner esta demanda de afecto sobre la mesa por parte de las mujeres.

Hicimos un breve repaso histórico. Corría el Mayo del 68, en plena dictadura franquista. En el año 75 todavía no se vendían preservativos en las farmacias. Con todo lo bueno que supuso el Mayo del 68, en lo referente al despertar de la sexualidad prohibida, debíamos hacer el amor y no la guerra, estaba vigente la intervención norteamericana en el Vietnam, con una importante respuesta, hoy no existente respecto a la invasión de Irak. Era popular la consigna Yankees go home, hoy casi olvidada y se me hace necesario recordarla. Esta puesta a punto de la Revolución sexual nos llevó a la búsqueda de conocimientos y al mismo tiempo a la recolección de orgasmos. Los anticonceptivos, sin un previo encuentro con el deseo y la sexualidad femeninas dieron posibilitaron las relaciones sin excusa: ya no habían días peligrosos.

El orgasmo desconocido entonces por muchísimas mujeres a pesar de tener 8 o 10 hijos, ha pasado en pocos años, 20-25 a ser algo conocido por muchísimas mujeres, aunque no podamos decir que plenamente disfrutado, pues en muchos casos es mecánicamente conseguido, y no fruto de la espontaneidad del abandono amoroso. Estas reflexiones las consideramos muy positivas, pues suponen que nuestros niveles de satisfacción y de superación crecen.

Es en este sentido que la mayoría de las parejas que participaron en los encuentros afirmaron que tras el nacimiento de su primer hij@ se dio un período de reflexión y de atención a las propias necesidades como mujer, que permitieron dar un salto cualitativo a sus relaciones sexuales, no volviendo a la normalidad, sino SUPERANDO LA NORMALIDAD.

De nuevo la NORMALIDAD.

La normalidad para estudiarla debería proceder de un desarrollo de la sexualidad en la infancia y en la adolescencia en libertad. Nuestras vivencias actuales pueden no tener nada que ver con la capacidad de amar y de gozar del ser humano, de las personas. Las mujeres no tuvimos desarrollo espontáneo de nuestra sexualidad afectiva ni compulsiva. Nuestr@s niñ@s actualmente se desarrollan bajo multitud de estímulos, pero para la sexualidad, no existen más estímulos que los que vienen de un entorno cultural extremadamente machista, en cuanto a humor, publicaciones, …  Y a nivel personal y familiar todavía tenemos dificultad en nombrar, sus penecitos, sus vulvitas, -al escribir estas dos palabras en el ordenador me salen subrayadas como erróneas-, y tenemos dificultad en mirarlas, tocarlas, acariciarlas, besarlas, como otra parte de su cuerpo ¡qué miedo nos da! Y pensemos con ello que mensaje reciben l@s niñ@s que son besuquedos pot todo su cuerpo, menos sus genitales. No planteo una estimulación precoz de su sexualidad, sino simplemente un respeto y no promover una inhibición como en otras facetas de su desarrollo.

Hasta que no se normalice el crecimiento y desarrollo de la sexualidad no podremos hablar de si es normal lo que nos pasa. Pues yo diría que actualmente es normal que nos pase cualquier cosa en función de un crecimiento y desarrollo nada respetuoso con el desarrollo y crecimiento espontáneo.   

Aunque la sexualidad en los hombres pueda tener un fuerte componente compulsivo, al ser la sexualidad del modelo cultural dominante ha sido exaltada y llevada adelante por los hombres con orgullo. Esto en sí mismo, les genera un grado de satisfacción importante.

A las mujeres, la represión de esta espontaneidad, les ha llevado a tener que realizar un trabajo personal de búsqueda con el consiguiente gasto de energía. Esto genera un grado de rabia, de dolor, de envidia, … que quedan ahí silenciadas, que pueden surgir cuando en los mejores momentos la pareja permite, facilita, sostiene el abandono, precisamente en estos mejores momentos es difícil de entender, pero es NORMAL, es normal que cuando una mujer se puede abandonar surja, aquellas emociones que fueron silenciadas. Por ello hacen falta hombres con grandes dosis de ternura, con  capacidad de contención, para rescatar esta sexualidad femenina maltratada que yace en cada una de nosotras.

Decíamos: Manos que den, manos que sostengan. Este puede ser nuestro reto para un próximo futuro. Para est@s niñ@s que crecen en nuestros brazos.

Leímos este poema de Gioconda Belli, la poetisa de los ciclos y de la sexualidad femenina:

Cada hijo dejándonos más cerca de la vida

más proclives a la ternura,

la piel más suave y el sexo más acogedor.

Es la falta de pan, de amor, la que desgasta.

No el parto.

Aquí todas, por unanimidad, dijeron, es la CRIANZA en las condiciones que implica este modelo de desarrollo la que desgasta.

Montserrat Catalán Morera