Iula Waehner, llevadora

 

¿El nacimiento marca el destino o el destino el nacimiento? Como la famosa pregunta, ¿qué está primero: el huevo o la gallina?

Soy cuarta hija viva de mis padres, cuarta cesárea de mi mamá; ¿habrá sido la impronta de mi nacimiento lo que hizo que me dedicara a acompañar a mujeres a parir en libertad o será al revés?

El misterio de la vida y de la muerte fueron el hilo conductor en mi camino, ¿de dónde venimos, hacía dónde vamos? y preguntas semejantes me fueron llevando a diversos lugares. Me interesé de muy chica por lecturas consideradas esotéricas/místicas; pasé por la religión, la antroposofía, las tradiciones de mi tierra, las plantas medicinales, las ceremonias, cantos, viajes, partería, alimentación; todo lo que en el camino se me cruzaba era de mi total interés y dedicación. Hoy, tengo más preguntas que al principio sin embargo las llevo con serenidad. Dudas que ojalá nunca se resuelvan, que la ciencia no logre alcanzar ciertos conocimientos porque esas dudas son las que hacen que viva la vida con maravilla, con asombro. Que cada parto/nacimiento me sorprendan con la misma grandeza.

Ser testigo de tal acto de la naturaleza me vuelve cada día un poco más humilde. Es una bendición y una honra ser partícipe de la división de un cuerpo en dos, ser cómplice como partera de la primera mirada de amor más dulce y profunda es un enorme regalo. Acompañar a las mujeres desde el silencio, con una mirada, una caricia, una sonrisa, una entrega al servicio han hecho que mi profesión sea mi pasión y hayan convertido mi vida en un hermoso y misterioso destino.