Carta a Hugo

Hugo, mi querido hijo,

Nos estamos haciendo mayores, tu y yo. Ya hemos recorrido un camino intenso y es mucho lo que nos queda por delante…

Quería decirte que me gustaría seguir creciendo contigo, espero poder estar a tu lado lo suficiente para que sigamos este camino lleno de descubrimientos tuyos y míos y ver cómo esta vida nos sigue sorprendiendo.

El día que naciste, aquel momento tan intenso, yo decía que ya no podía y tu ya estabas allí! Espero de verdad que siempre pueda abrirme a escucharte, a escuchar tus señales, ya que la comunicación no se hace solamente a base de palabras, sino de gestos, de actitudes.

Espero que pueda interpretar lo que me comunicas de verdad, que cuando me pidas ayuda para conectarte con tus sentimientos pueda separar de los míos… Espero no mezclar mis miedos y mi historia con tu capacidad de afrontar la tuya tu propia.

Espero también que mi protección no venga a agobiarte cuando necesitas conocer el mundo por ti mismo. Espero que si esto ocurre pueda darme cuenta, como ya ocurrió en algún momento. 

Espero que si me despisto, reconecte cuando pueda, sin culpabilizarme.

Espero no invadir tu espacio vital, espero estar contigo y sentir lo que eres de verdad y no lo que yo me imagine que puedas ser…

Ya tienes tres años y cuando miro hacia atrás me da mucha vida ver cuantos matices hemos vivido en un camino lleno montañas (a veces montañas rusas, porque ya sabes, tienes una madre muy emocional, para decirlo de alguna manera…); ríos (que delicia disfrutar tantos placeres contigo); oscuridad (porque ha habido momentos de miedo, preocupación, llantos, rabia, frustración…), con momentos de tormenta, momentos de risas y de tantas acrobacias por intentar llegar a todo, momentos de baile ¡cómo me encanta bailar contigo! Ver que estás muy cerca de los ritmos vitales.

Hugo querido, ver que las cosas son como son contigo me ayudó a ser más humilde conmigo misma, me ayudó a aceptar cosas que simplemente no se pueden cambiar porque sí.

La vida ya nos va enseñando, vamos aprendiendo con nuestros propios actos, pero parece que con un hijo en brazos aprendemos en doble…

Estoy agradecida de sentir que la comunicación existe entre nosotros, también cuando las cosas no salen como nos gustaría. Cuando hablamos lo que sentimos de verdad nos hacemos más presentes, más visibles. Hemos podido formar una familia capaz de comunicar las cosas, y esto es muy agradecido. Aunque, sin mentir, en momentos de cansancio o agobio, no hemos podido hacerlo, pero luego siempre hay un espacio abierto. Y ¡nunca es tarde para hacerlo!

Me encanta verte tan sano, tan alegre, tan dueño de ti mismo, aunque tenemos mucho que caminar es bonito ver tu despliegue hacia la vida.

Hay que agradecer a la vida, sí, que tanto nos da si estamos abiertos a confrontar con ella tal como es. Y hay que agradecerte también por haberme enseñado y recordado siempre que la vida se puede y se debe vivir con placer, porque eso sí es lo que nos llena de verdad, es lo que nos hacer volver a nuestra pulsación verdadera y natural.

Me ayudaste de vez en cuando a quitarme estos rígidos patrones que llevo dentro y apartar mi ritmo acelerado para enseñarme a esperar, a ir más despacio, a ver como las cosas funcionan desde tu mirada, desde tu ángulo, aunque me costara en algunos momentos.

Me enseñaste que tenías un ritmo diferente al que yo esperaba cuando te quedaste en el suelo más de 8 meses sin darte la vuelta, sin hacer movimientos que otros bebés ya hacían, algunos ya caminaban y tu allí, disfrutando del suelo todavía. Aunque la gente comparaba y preguntara por qué no te sentabas o por qué ya no girabas, hemos podido entender cual era tu verdadero proceso.

Hasta tus cólicos me facilitaron entender cómo una madre ansiosa puede conectarse con la expresión del llanto desconsolado y simplemente estar allí, compartiendo el llanto, entendiendo que no había nada más que hacer…

Y ahora ya vas a la escuela, ya tienes otras referencias, tienes a tu papá como el centro de tus intereses, sabes elegir lo que va o lo que no va contigo.

Te gusta tomar un poco de pecho para sentirte reconfortado a la hora de dormir tras un día lleno de aventuras, pero ya buscas otras formas de saciarte. Y allí vamos, Hugo, a tu lado, y espero que con las antenas abiertas para seguir escuchándote.

Mucho amor, tu madre, Juliana 

Juliana Vieira Martínez

Parir, néixer i créixer

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