Brigitte

Brigitte Burchartz, Terapeuta Psico-corporal

Empecé mi vida laboral como profesora. El contacto con niños y adolescentes me enseñó lo fundamental que son para el ser humano todas las experiencias vividas desde el momento de la concepción hasta el final de la adolescencia. Inciden de forma muy importante en nuestra forma de ser, nuestro carácter, nuestra manera de relacionarnos, nuestro modo de enfrentarnos a las dificultades con las que nos encontramos a lo largo de nuestra vida, nuestra capacidad de tomar decisiones, etc.

Por ello, a finales de los años 90 años decidí formarme como terapeuta en la Escuela de Integración Psico-Corporal. Éste sistema terapéutico me pareció entonces, y me sigue pareciendo actualmente, el sistema de trabajo psicoterapéutico más avanzado, vanguardista y respetuoso de los que conozco y que ofrece una formación muy sólida, bien estructurada y con una excelente ética profesional.

Ahora hace ya muchos años que me dedico a mi trabajo como terapeuta en Integración Psico-Corporal. Para mí es un trabajo altamente satisfactorio y tener el privilegio de acompañar a las personas en su proceso personal me llena de alegría.

Pero no sólo mi experiencia profesional, sino también la personal me ha ido enseñando lo importante que es cuidar y acompañar la vida de los niñ@s, de los hij@s con respeto y (auto)conocimiento, desde el mismo  inicio, desde el momento de la concepción. Todo lo que les podamos transmitir durante la gestación, el nacimiento y su crianza, tanto en lo bueno como en lo malo, incidirá enormemente en su forma de ser adulta. Los padres tenemos esta RESPONSABILIDAD. Por ello es tan importante que sepamos lo que estamos haciendo con nuestros hij@s, que nos conozcamos profundamente, que sepamos  cuales son nuestras capacidades, cuales nuestras dificultades y, sobre todo, que sepamos cuales eran y siguen siendo nuestras necesidades instintivas y emocionales. También deberíamos saber que necesidades primarias nos satisficieron nuestros padres y cuales no, para conocer qué carencias tenemos y para así, no hacerles el mismo daño a nuestros hij@s que nos hicieron a nosotr@s nuestros padres. Quizás, a alguna persona que lea esto le cueste aceptar este hecho, pero nuestros padres seguro que nos dieron muchas cosas buenas, pero también nos hicieron daño. Evidentemente, no lo hicieron con mala intención, sino seguramente lo hicieron por desconocimiento. Pero si, como futuros padres no podemos ver, (re)conocer y aceptar que nuestros padres nos hicieron daño, lo más probable es que les haremos el mismo daño a nuestros hij@s.

Por todo ello, estoy muy agradecida poder trabajar en Migjorn. Me de la oportunidad de trabajar con m(p)adres que quieran ser conscientes y cuidar y respetar la vida de sus hij@s desde el inicio y espero poder contribuir a ello con mis conocimientos y mi experiencia.